En una sociedad tecnologizada e hiperconectada, la ciencia se construye en entornos híbridos, atravesados por redes de colaboración, infraestructuras digitales y espacios de circulación del saber. Una ciencia abierta que se configura como un rizoma: un sistema descentralizado, transversal y colaborativo, donde interactúan agentes diversos y el conocimiento circula más allá de las fronteras disciplinares e institucionales.